HABLEMOS DE “VAMPIRESAS”… POR FIN!!


HABLEMOS DE “VAMPIRESAS”… POR FIN!!

 

Antes que nada, aclarar que me refiero a vampiresas y no a vampiros porque en mi experiencia vital me he encontrado, sobre todo, con “ellas” y mucho menos con “ellos”, pero estoy completamente seguro de que haberlos haylos. Sobre todo, abundan los vampiros en temas relacionados con el mundo laboral y también he tenido la desgracia de tener que lidiar con más de uno.

El vampiro o vampiresa es también conocido como “garrapata”.

La característica principal de cualquier vampiro/esa es chupar la sangre de su víctima. Lógicamente hablamos en términos figurativos, lo cual no lo hace ser menos problemático que si hablara literalmente ¿eh?

Porque la vampiresa presenta una serie de características que la hacen visible (solo a ojos avispados) y la definen como tal.

Se trata de una mujer que, ante todo, posee un egoísmo (“yoismo” que diría aquel) fuera de lo común. Todos somos en cierta medida, egoístas, pero la vampiresa, además de serlo mucho, es manipuladora. Tiene afán manipulador.

Generalmente, en plena conversación, no te escucha o te escucha poco, o no lo hace en la medida de lo que requiere nuestro discurso. Y si te escucha… ve pensando que, seguramente, lo hace para cobrarse luego en términos de atención al hablante, mucho más de lo que ha “pagado” escuchándote a ti.

La vampiresa no regala nada (y mucho menos, su tiempo) y, por tanto, todo lo que te de te lo va a cobrar luego con creces.

Ella es el centro del mundo y, por tanto, lo que le pase al mundo debe tener menor relevancia que lo que le ocurra a ella. Esto hace que, casi siempre, caiga en eso que llamamos “falta de educación”.

Si te toca a ti contar algo, ella te interrumpirá y lo hará con una excusa que, igualmente, habría servido para interrumpirla a ella cuando era ella la que hablaba.

Si le cuentas un problema grave (objetivamente calificado como grave, claro) tendrá la misma trascendencia, para ella, que su problema leve (objetivamente calificado como leve, claro). Ella ya se encargará de conducir la conversación hacia los terrenos que le interese (es decir, hacia ella y su mundo).

Una característica de los vampiros es que saben escoger a sus víctimas, de tal forma que, al igual que el tigre ataca a la presa más débil, la vampiresa lanza sus manipuladoras garras sobre las personas más influenciables. No dejo de reconocer la habilidad que tienen para escoger a sus víctimas. Y, en cualquier caso, si se equivocan, o son desenmascaradas, no importa. ¿Será por víctimas? (tantas como personas conviven de alguna forma con la vampiresa).

¿El objetivo de tal modus operandi? Ser ensalzada y colocada en lo más alto del podium de su mundo. Necesitan, en definitiva, de la propia reafirmación de sus conductas, de las cuales ellas mismas dudan. Y necesitan de la relevancia social (no es más que otro modo de ostentación).

El problema que presenta lidiar con vampiresas es que estas buscan y beben tu sangre y eso, siempre, te deja debilitado. A nadie le gusta sentirse débil o inferior a alguien (salvo que se necesite de la tutela de alguien, bien por inmadurez o bien por problemas personales no resueltos o, generalmente, por ambos).

Sin embargo, la vampiresa, como egoísta de sentimientos que es, no se conforma con gobernar mentes débiles, sino que, además, apunta siempre a los más alto (“demasiado fácil para mi”, deberá pensar más de una al enfrentarse al reto de tener que manipular a alguien manipulable).

Eso la hace estar en el filo de la navaja constantemente (siempre a punto de ser descubierta y siéndolo en muchas ocasiones). Llegan a habituarse a andar en esa tenue cuerda floja hasta el punto de que si son descubiertas y colocadas en la palestra, lo asumen con extraordinaria naturalidad. Por si fuera poco, cuentan con el arma de la autosugestión para convencerse de que esa persona (la que la ha descubierto y le ha recriminado su actitud), en verdad, no merecía la pena como tal (ni para malgastar su tiempo ni su esfuerzo abductor). La primera vez que es descubierta se enfadará con su víctima de una manera desorbitada y si es descubierta en más de una ocasión, te regalará su indiferencia.

La vampiresa, en su afán manipulador, es la que pretende establecer las normas de comportamiento de los demás, de su círculo. Ella determina lo que es correcto y lo que no, cuándo hay que hacer esto o aquello, cuándo hay que ir a tal o cual sitio, quienes deben ir y en qué momento. Ella determina el qué, el quién y el cómo ha de ser todo, siempre, en función de sus necesidades, sus gustos, sus posibilidades o sus apetencias.

De lo que se trata es de que ella ha de ser la reina y, por tanto, a ojos de los demás, ha de ser la cabeza visible, la que destaca y el centro de admiración del personal por lo resuelta que es, por lo guapa que es, por lo inteligente que es etc.

No es nada infrecuente recurrir, incluso, a la mentira (auto mentira a veces, porque, incluso llegan a creérselas) o a apuntarse tantos cuyo mérito no es de ella. Literalmente llegan al robo de ideas y/o iniciativas con tal de aparecer en lo más alto.

Aun así, y en función de su carácter más o menos positivo, yo distinguiría dos tipos de vampiresas.

Por una parte la típica mujer que es alegre, divertida y con alma de líder. Y por otra, tendríamos la mujer negativa que, por problemas personales, tiene la necesidad de ser el centro de un mar de lágrimas de los que la rodean. Con la primera, al menos, te ríes.

La otra gran característica de las vampiresas es la incoherencia. Esto o aquello estará bien o mal en función de mis necesidades (presentes o futuras) y no en función de criterios de raciocinio y coherencia. Anteponen la satisfacción de su instinto de relevancia a cualquier actitud medianamente coherente. Suelen vivir en el caos y suelen poseer mentes atormentadas. Sienten la necesidad de satisfacer necesidades, siempre, perentorias, y para ello no dudan en usar todos los medios de persuasión necesarios (aun dejando de lado obligaciones y responsabilidades). Suelen cansarse pronto de las personas y necesitan del cambio constante en sus vidas. Suelen dejar mucho a medias.

Otras veces tampoco dudan en competir deslealmente pisándote solo para parecer más altas, destacando tus defectos solo para que resalten sus supuestas virtudes o dando una importancia desmedida a aquello que, realmente no la tiene.

A veces, en una especie de síndrome de Estocolmo, consiguen que, una vez descubierto el pastel y apartadas de nuestras vidas, incluso las echemos de menos luego.

Es lo que hay y todos, absolutamente todos (incluidas ellas mismas) hemos conocido o conocemos a alguna vampiresa ¿verdad que si? Pues…. Estad alerta porque pueden haceros perder demasiado tiempo de vuestras valiosas vidas y daros algún que otro quebradero de cabeza. No son buenas personas, en definitiva. Por lo demás… son más inofensivas de lo que parece si usamos nuestras armas para delimitar su poder de influencia.

Gracias