HABLEMOS DE “EXPLICAR Y NO JUSTIFICAR”… POR FIN!!


Explicar y no justificar
Aunque realmente no solemos reflexionar sobre ello, la mayoría de nuestros actos tienen consecuencias tanto para nosotros mismos como para los demás. Ser capaces de asumir, esas consecuencias, sin buscar excusas nos convierte en personas responsables
Si miramos la etimología de la palabra, ‘responsable’ viene de ‘responder’. Se entiende, obviamente, de los propios actos. Ahí ya pinchamos en hueso, porque hay muchísima gente que a la hora de responder sobre lo que ha hecho se encoge de hombros.
En realidad hay de todo. También hay quien responde siempre a la primera, admitiendo lo hecho, lo dicho y sus consecuencias. Es esta una manera fantástica de evitar conflictos y de suavizar las consecuencias de los errores. Y al mismo tiempo es una forma de entrar en una rueda de aprendizaje permanente basado en la auto exigencia.
Pero hay gente que hace las cosas sin cuestionarlas y luego busca justificar lo que ha hecho. La diferencia entre la persona responsable y la irresponsable es que la primera explica lo que ha hecho y la segunda lo justifica (normalmente para cargar las culpas sobre un tercero, incluida la suerte).
A veces, ni siquiera se repara en que nuestros actos implican consecuencias para otros. Te encuentras al que dice: “¿Por qué voy a marcar con el intermitente el cambio de carril, si el coche es mío y los demás ya tiene ojos para verme?”.
Eso ocurre porque hay personas que, además de irresponsables, son ignorantes y creen que con los papeles de propiedad del vehículo van incorporados otros que le conceden la propiedad de ese espacio público que es la carretera. Desgraciadamente no se sanciona esta actitud con la suficiente severidad.
Los irresponsables siempre tienen una excusa a mano: no sabía, no lo vi, pensé que…O lo hice sin querer. Quien es responsable explica con valentía y sin miedo lo que hace y las consecuencias de sus actos sin echar los balones fuera.
Los que se justifican suelen pertenecer a una especie que se cree sus propias mentiras y cree que los demás también se las van a creer. Y eso, inevitablemente, representa un problema para la otra persona que es tomada por idiota. ¿Permito que me tome por tonto o soy cruel y le digo las obviedades a la cara a sabiendas de que le harán daño? ¿Le hago creer que me creo su justificación y que me tome por gilipollas? ¿O le digo que hay que ser gilipollas para creerse semejante estupidez?
Yo me decido por la segunda opción, sin duda. Los irresponsables suelen ponérnoslo difícil porque si, para colmo, todo está entrelazado con nudos de “amistad”, el brete en el que nos ponen es tremendo. Nos obligan a usar la sutileza coloreada, incluso, con tintes de ironía. Lo que suele ocurrir es que todos tenemos una trayectoria recogida en muchos foros y con mirar las páginas del pasado ya sabemos quiénes somos o quiénes tenemos tendencia a ser. En definitiva… quién es quién.
También son especialistas en encontrar chivos expiatorios: Fulanito no me avisó de que era tan urgente, Menganito me despistó porque me estaba observando. Fallé porque me vino una racha de viento que me desvió la pelota, etc.
No suelen conocerse porque no conocen sus limitaciones e intentan “vender” una imagen falsa en su eterna búsqueda del reconocimiento social que palie sus carencias personales. Carencias que se van viendo acentuadas a lo largo de los años, precisamente por no haber asumido y respondido de los errores que TODOS cometemos.
Y luego está la coartada definitiva e irrefrenable: yo soy un mandado o una mandada; solo cumplo órdenes.
Ahí entra en juego la ética de cada uno. Hay personas que son, simplemente, pelotas, sin otro criterio que recibir los parabienes del que manda, y cuando las consecuencias, de esos mandatos, son negativas, venden a su anterior postor y se buscan uno que les dé migajas más sabrosas haciendo gala de una lealtad de papel. Hay otros que son unos facinerosos que hacen cualquier cosa por un beneficio, pero sin tanta dependencia como los que acabo de describir. Ambos acaban dentro de una pecera de cristal, identificados por todo el que les mira como lo que son, unos mediocres sin escrúpulos. Si algo no coincide con tus principios éticos, denúncialo y no lo hagas!; Si estás sometido a una disciplina de una organización, si eres un militante de verdad, desde el momento que asientes a lo que te dice una mayoría o tu cadena de mando, eres corresponsable y el que no esté dispuesto a aceptar esto que no milite. Esto ocurre en las familias: en el seno de la familia hay que tomar una decisión que no es unánime y se alcanza un consenso. Luego, si las cosas no salen bien, no vale decir ya lo decía yo, porque desde el momento que asientes ya eres igual de responsable que el resto.
Por otra parte, el irresponsable suele usar el modo condicional demasiado a menudo (Si hubieras hecho esto, si hubieras ido por aquí…). Su lógica cerebral le obliga a tirar por tierra las iniciativas del otro para, nuevamente, justificar su falta de iniciativa (eso si, en pleno naufragio, ellos se aferran a la tabla del pasado para mantenerse a flote aunque ello suponga el ahogamiento de quien tomó la decisión aceptada). Porque el irresponsable no es más que un cobarde que elude su responsabilidad queriendo justificarla, generalmente, con mentiras en forma de dardos envenenados hacia el responsable.
Hay, incluso, quienes tienen la desfachatez de alegar cobardía (a modo, nuevamente, de justificación). Alegar cobardía para justificar que haces daño a otras personas es lamentable. Cada uno de nosotros gestiona una pequeña parcela del universo y dentro de ella estamos obligados a resolver problemas, no a generarlos con nuestra indolencia.
Por tanto… el mensaje, a mi modo de ver, es que no deberíamos huir de nuestras responsabilidades.
No asumir las responsabilidades no nos protege prácticamente de nada y nos cierra el paso a aprender, aunque sea a vencer el miedo. Asimismo nos obliga a idear excusas constantemente, nos lleva a la incoherencia, a vivir en la mentira, al tormento que todo ello supone, a no reconocernos, a no crecer y a obtener, justamente, lo contrario de lo pretendido, es decir…. ningún reconocimiento ni admiración social. Como mucho… los irresponsables consiguen la compasión de los demás.
Como siempre… muchas gracias por leerme y espero vuestra libre opinión.

Fdo. Diego Bueno Linero